Regalos y roles de género

Un mostrador para envolver regalos y toda una sociedad desfilando sobre él. Más que ilusiones, empaquetábamos imposiciones sociales: cocinitas, superhéroes, caros perfumes, calcetines y comida de perro (que si se hace el paripé, se hace bien).

“Para la nena ponle en el color rosita, que es más mono”, “Ay, esto es un chico, ponle el gris este que es más serio”, “A mi mujer ponle el de las estrellas, que hace más elegante”. Apariencia, roles de género y mucho por cumplir. Cuánto daño nos hace la Navidad.

Mamás cargadas con carros, niños e interminables listas de la compra. Maridos con las manos llenas de mugre de la obra o el taller pero que tan solo eran capaces de sostener un mísero perfume de apenas 100 mililitros. Eso sí, con el envoltorio más grande y brillante de toda la tienda.

Ellos iban desfilando uno a uno. Ellos. Los rezagados de última hora. Los que no se habían molestado en intuir que aroma definiría mejor a esa mujer con la que han pasado media vida. Los que con temor han pensado “que, si no, esta noche no mojo”. Los que te piden el envoltorio más bonito y el lazo más hermoso para un un día tan especial, pero que se desentienden de la destinataria los otros 354.

Ellos también se acercaban acompañando a sus parejas. Ellos. Los que no son capaces de decirte qué papel quieren para la Barbie de su niña. Los que tienen que llamar a su mujer porque no son capaces de decidir si los Playmobil los envolvemos juntos o separados. Los que no han elegido ni un solo presente para ningún miembro de la familia porque no confían en acertar.

Ellas se abalanzaban sobre el mostrador apilando los chorrocientos regalos que habían cargado en el carro. Ellas. Las que se habían gastado los ahorros de todo el año, pero también las que con poco conseguían tener contenta a toda la familia. Las que piensan en todos, hasta las que caen en la cuenta de que la tía Manoli viene a cenar este año y que sería muy feo no tener un detalle con ella. Las que con dos manos, dos ojos, una boca y sin poderes de teletransportación, conseguían distraer a los gemelos para que no vieran los regalos en la hora y media que se pasaban recorriendo pasillos y pasillos. Las que pensaban que el papel de Papá Noel ya no se podía poner a los regalos de Reyes, porque ya no tenía sentido.

Ellas también acudían acompañadas de sus parejas. Ellas. Las que dejaban elegir al maridito qué papel le ponían al regalo de la niña, las mismas que tras la elección se arrepentían y escogían el más adecuado. Las que tampoco confían en lo que al hermanito le  ha gustado para la hermanita, porque ellas prefieren (o acostumbran) cargar con todo el peso de las decisiones familiares.

No podemos obviar los pocos papás que se encargaban de la compra de Navidad, ni las esposas que tan sólo compraban el perfume a su pareja. Pero la realidad más extendida en la sociedad es esta.

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