“El marido de”

El otro día de camino a la universidad escuchaba yo un tanto indiscretamente (para que mentirnos) la conversación que mantenían un grupo de tres chicos de unos quince años. Hasta que llegó el comentario que desencadenó esta reflexión. Mientras hablaban de cantantes de rap, uno le dijo al otro:

– Oye, ¿tú sabes quién es Jay-Z? –

Ante la respuesta afirmativa del otro, este primero le formuló otra pregunta:

– Pues, ¿sabes que es el marido de Beyoncé? –

“El marido de”. ¿Cuántos hombres permanecerán escondidos tras esa etiqueta? ¿Cuándo dejaremos de invisibilizarlos detrás de sus poderosas mujeres? Lo más triste es que esta es solo una de tantas veces en que la etiqueta “el marido de” se usa de manera aparentemente inocente, pero que, realmente, está cargada de represión.

A pesar de que la lucha por la igualdad de género esté a la orden del día, seguimos sin tener en cuenta que detrás de cada gran mujer, hay un hombre que se sacrifica por ella. ¿Quién cuidaría, si no, de todos los hijos de las presidentas europeas? ¿Quién limpiaría los platos de las familias con madres que dirigen grandes empresas? O, simplemente ¿quién haría la colada en casa de toda la gran masa de mujeres que se dedican en cuerpo y alma a sacarse el doctorado?

Las identidades de todos estos hombres deben ser conocidas porque sus labores tienen el mismo mérito que las profesiones de sus mujeres. Además, si seguimos considerando como “lo normal” el hecho de que sean los hombres los que sacrifiquen su carrera profesional en favor de la de sus parejas, ¿cómo vamos a aprender a valorar la función social que cumple la población masculina?

Las mujeres también deben tomar conciencia de este fenómeno. Ya no vale ceder todo el permiso de paternidad a sus maridos ni esperar que al llegar a casa la cena esté servida, para luego ni siquiera fregar los platos con la excusa barata de haber estado todo el día en la oficina. ¿Qué se creen? ¿Que con un cuarto de jornada para que saquen algo de dinerito para sus caprichos les tendrán contentos? ¿Que “tiempo para ellos” quiere decir una horita del domingo para cortar el césped? ¿Que ya no ven tanto a sus amigos porque todos están muy liados con los críos? No, señoras.

Lamentablemente, lo único real de todo esto es la anécdota inicial. Cualquier parecido con la realidad en el resto del texto es pura coincidencia.

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