La noche en que entrevisté a Barbijaputa y cumplí un sueño 

Y de repente una duda de tantas se despejaba. Oí su voz y esa temerosa parte de mi que dudaba de su existencia (algo así como cuando los niños pequeños no saben si creer en los reyes magos) se desvaneció. Era real. Había una voz detrás del personaje. Había una persona. Había una chica aparentemente andaluza. Y yo que ni me lo creía. Había conseguido contactar con ella. Había conseguido convencerla de hacerle una entrevista. Había conseguido contestar a la llamada a pesar de los nervios y ya estaba hablando con ella.

¿Y ahora qué? Alba, aprovecha la oportunidad. Que no se te quede nada en el tintero, abre bien tus orejas, toma notas mentales, analiza su mensaje. Pero, sobretodo, no te hagas pesada. Me sentía casi como una fan quinceañera cuando ve por primera vez a su boy band preferida. Y en cuanto a lo que me contó… Eso lo podéis escuchar vosotros mismos. Si ella no se hace responsable de lo que dice, no me voy a hacer yo responsable de lo que diga acerca de lo que ella dice. ¿O no?

Pero algo que no podréis escuchar en la entrevista es un pequeño despiste (y mira que me lo había apuntado). Y bueno, total, ya no podía ser más pesada. “Se me ha olvidado una cosilla…”. Necesitaba alguna canción con la cual identificarla, saber qué escuchaba, a quién recurría para pensar (o dejar de hacerlo). Y su respuesta estuvo a la altura de todas las expectativas: Busco me, de Bebe. Y puse la canción de fondo mientras intentaba asimilar todo lo que acababa de pasar.

Pero, sin darme cuenta, la estaba escuchando como si fuera ella (Barbijaputa) la que me cantara, como si fuera ella la que me diera fuerzas a través de las letras. Y supe, de repente, que podría recurrir a las canciones de Bebe cuando necesitara revivir la euforia contenida en esos casi cuarenta minutos de entrevista. Esa sensación de sentir que te comes el mundo a mordisquitos. Por un lado, por hacer realidad un sueño de esos que crees que no ocurren fuera de la ficción. Por otro, por lo alentadoras que habían resultado sus palabras. No sé que me resultó más confortante, caer en la cuenta de que yo no estaba sola o que ella no estaba sola. En la lucha, digo. En la lucha por el empoderamiento femenino. Que ella no estaba sola quería decir mucho más, simbolizaba el perezoso despertar de una sociedad que abría los ojos a golpe de tweet.

 

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