No més llibertats mortes

No me puedo dormir tranquila esta noche. Mi cabeza se eleva por encima de la almohada y vela por todos los que el 4F cayeron en manos de la (in)justicia de nuestro querido estado.

Hoy, por fin, se hacen realmente públicas las verdades que tantos medios han intentado ignorar, las mentiras que quitaron la vida y la libertad a personas inocentes.

¿Y todo porque? Porque un par de animales se encargan de que nuestro sistema putrefacto funcione perfectamente. De que las injusticias sean una magnífica sucesión de mentiras que protegen a seres corruptos, productos de nuestra historia más vergonzosa, producto de aquellos años que intentas ocultar en lo más profundo de tu memoria, más aún que la edad del pavo o esa adolescencia tan difícil.

¿Y todo porqué? Por prejuicios, por ideas erróneas preconcebidas, por la soberbia, por la prepotencia, por el creerse más que alguien. Por la falta de igualdad. Por la falta de democracia. Por el exceso de hipocresía.

Esta noche me cuesta dormirme más de lo habitual, porque me siento más insegura que nunca. Hoy, que han sembrado en mi la duda más profunda acerca de las instituciones que nos tendrían que garantizar protección, me siento desamparada, sin cascarón en el que resguardarme, a la luz de todos los peligros. Ahora sé que nuestro sistema está al acecho, dispuesto a atacarnos en cualquier momento, preparado para hacer de nosotros, la sociedad para la cual debería funcionar, la presa perfecta.

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/Sala-33/Ciutat-morta/video/5433631/

El calor de un micrófono en el aire

Cuando decidí que de mayor quería ser periodista no se me pasó por la cabeza una imagen de mi misma sentada ante un micrófono y unos cascos colgando de mi cabeza, me imaginaba a mi, como ahora, escribiendo ante una pantalla (asumiendo ya el desfase del papel). Pero las tardes de Navidad que pasé en Radio Balear cambiaron por completo mis perspectivas de futuro. Nunca imaginé que esa lucecita roja que te indica que estás “en el aire” pudiera llegar a provocar una cantidad de adrenalina tan grande como satisfactoria.

La radio, que es conocida como el medio de los nervios, el estrés y las prisas, pasó a ser para mi el más humano. De alguna manera, estableces un vínculo con aquellos que ni te compran, ni te ven, ni siquiera puede que sepan tu nombre, pero que sabes que están ahí. Te diriges a una audiencia omnipresente que debes imaginar, en la que debes creer, porque ellos están ahí, al otro lado, esperando a que les hables, a que les cuentes, aunque sea para sentirse acompañados.

A pesar de que las únicas cara que pude imaginar escuchando mi voz por la radio por primera vez era la de mis padres y algunos amigos, confiaba en todas las personas que, a saber desde dónde, me escuchaban.

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Y si existe un vínculo invisible entre personas que ni si quiera se conocen, los lazos entre aquellos que hacen posible esa relación locutor-oyente son incluso mayores. La familiaridad que pude respirar desde el primer momento en Radio Balear fue lo que me impulsó, sin pensarlo, a pasar muchas de mis tardes de vacaciones ante ese micrófono que en un principio me parecía tan frío.

Horas antes de llegar, por mi cabeza pasaban imágenes de grandes oficinas repletas de gente, corriendo de un lado a otro. Ingenua de mi, nunca antes había estado en un estudio de radio. Ante mi sorpresa, vi como entre un pequeño equipo de personas sacaban adelante una gran emisora. Ese mismo día conocí a prácticamente toda la plantilla, que me hicieron sentir una más des de el primer “Hola, ¿qué tal? Soy estudiante de periodismo”. Desde Fernando, el director, hasta Manu Blanco, pasando por los técnicos de sonido, encargados de publicidad y de más profesionales, me enseñaron sin tapujos qué era y cómo se hacía la radio.

En especial, gracias a la confianza que Manu depositó, pude experimentar en primera persona lo que es ser locutora de radio. Pero, sobre todo, él me demostró que en este medio, cuanto menos tiempo tienes, mejor te lo pasas. Y como el mismo Manu me dijo entre risas, casi puedo decir que he salido de allí “con un master”. Realmente, no hay mejor manera de aprender que dejar la teoría de un lado y enfrentarte a la práctica armada tan solo con tu voz.

Así pues, si me tuviera que despedir de ellos de la misma manera que Manu me dijo adiós, le diría “no dudaría”, con la voz de Antonio Flores, en volver a la radio para disfrutar de los nervios, las prisas y el calor humano del micrófono.