El legado de un mentiroso

La historia la hacen las personas, a cada segundo en que el presente pasa a ser pasado. La historia no es solo un conjunto de circunstancias que culminan en hechos, tiene protagonistas: un quién que da paso al qué, al dónde, al cuándo, al cómo y al porqué. Joan Pujol  fue un espía catalán que dedicó  incalculables esfuerzos para despistar a los nazis durante el 1944 con el propósito de poner fin a la guerra. Su historia, en particular, no es muy conocida, pero es una de esas personas que escriben la de todos nosotros.

El desembarco de Normandía es, sin duda, uno de los hechos históricos de referencia que han marcado nuestra historia contemporánea. Con motivo del setenta aniversario, el documental Garbo: el espía, dirigido por Edmond Roch, saca a la luz la parte más desconocida de este capítulo del siglo XX. Es difícil saber qué es lo más sorprendente de esta historia, si el alto contenido moral que lleva impregnado o su falta de mediatización. Eso sí, sin duda, lo que no deja de impactar es la imagen de Hitler, dando un discurso a toda la población alemana, la de Franco, saliendo por televisión, y todas aquellas personas atrincheradas vestidas con pijamas de rayas.

“Luché contra la injusticia y el atropello con las armas que tenía a mi alcance”, esas son las palabras del conocido como Garbo, la mejor descripción de determinación. Luchar por lo que uno cree y conseguir los efectos esperados es una de las cosas más gratificantes que cualquier persona puede experimentar y más aún si para detener la peor masacre conocida hasta ahora.

El documental de Garbo, ganador de un Goya a la mejor película documental en 2009, nos ofrece una mirada al pasado diferente, contada el historiador y periodista Nigel West. Conocido como Arabel para los alemanes, contó innumerables mentiras, una detrás de otra, incluso su muerte fue mentira. Tan solo con esta picardía que tanto le caracterizaba consiguió despistar a los alemanes haciéndoles creer que los aliados iban a desembarcar en el Port de Calais hasta incluso días después de éstos llegaran a Normandía.

Hablar, pues, de Joan Pujol, supone hablar de humanidad, de una compasión sin mesuras, más allá incluso del intento por sobrevivir. Y es que, realmente, ¿de qué nos sirve la vida si no es para perseguir aquello que le da sentido? Garbo dedicó la suya a aquello en lo que más creía, a su sueño, a aquello que consideraba que era su misión, y lo consiguió, consiguió crear “un mundo mejor”.

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