Un vals con la memoria

La película de animación israelita “Vals im Bashir” recrea la matanza de refugiados palestinos en los campos de Sabra y Chatila, en el Líbano, a través de la visión personal de un joven soldado israelita. El film dirigido por Ari Folman, nos cuenta como Israel bombardeó durante dos días la ciudad de Beirut, rompiendo el pacto con Estados Unidos en 1982. Aún siendo una película de animación, no faltan las imágenes impactantes y duras por su realismo, ya que consigue emocionar sin dejar de informarnos de manera neutral

La historia central empieza a partir de una conversación que mantiene el propio director, Ari, con un viejo amigo en un bar. A partir de una pesadilla que se repite cada noche en los sueños de su amigo, el propio director, Ari, llega a la conclusión de que no recuerda nada sobre la misión que realizaron para el ejército israelí. El principio de los años ochenta aparece borroso en los recuerdos del director, que pasa a ser protagonista. Así, los hechos se desarrollan a través de los flashbacks de Ari y las vivencias relatadas por algunos de sus viejos amigos y antiguos compañeros que compartieron con él ese período de vida que parece haberse desvanecido de su memoria.

El protagonista, intenta identificar las diferentes emociones que le envuelven a cada recuerdo que llega a su mente. Desde sentirse obligado a combatir y disparar contra todo aquello que se le pusiera por medio hasta la angustia de ser él al cual habían abandonado a su suerte, son algunas de las vivencias que Ari creía haber olvidado. Poco a poco vamos descubriendo el poder del cerebro humano, capaz de borrar aquellos momentos que nos crean angustia.

En estos 90 minutos vemos reflejada la sensación de impotencia que sufre un soldado ante el hecho de “no hacer lo suficiente” por sus compañeros muertos al mismo tiempo que es causante en parte de una gran masacre. Por eso, entremedio de todas las personas a las cuales recurre el protagonista, se encuentra una experta en post-trauma, esencial en su lucha contra el trastorno psicológico que sufrió durante los cuatro años que duró la producción de la película.

El director israelita, como parte de un pueblo que ha sido constantemente masacrado, utiliza la película como terapia para llegar a darse cuenta de que las guerras son totalmente inútiles. Por eso Ari Folman decide explicar su historia a través de un soldado cualquiera, sin hacer de ello algo heroico ni glamouroso, como es el caso de las películas estadounidenses.

Este documental de animación, nominado al Oscar como mejor película extranjera en 2009, destaca por lidiar con la ausencia de imágenes de archivo de aquellos momentos gracias a los recuerdos del propio director. A pesar de todo, el director mete de lleno a los espectadores en unos hechos reales y tangibles en el momento en que las imágenes de animación se convierten en