Aunque estés lejos

Vimos el otoño llegar y con él las nubes, el frío y la lluvia. Vimos irse al Sol, al calor, a los días de playa, las camisetas de manga corta y los helados. Y vimos como el frío se acercaba, como las nubes teñían el cielo de gris y luego inundaban las calles. Vimos como todo cambiaba hasta que el otoño hizo caer las primeras hojas y con ellas, algunas de mis lágrimas.

Yo lo vi, vi el paso de los días alegres impregnados en tu sonrisa a días interminables que desdibujaban una mueca de incertidumbre en mi cara. Y los días de paseo contigo pasaron a ser una carrera continua para volverte a ver. Vi los momentos hermosos convertirse en recuerdos que sí, se repetirán, pero quien sabe con qué frecuencia. Vi todo esto quedándome con la miel en los labios de quien acaba de descubrir un pequeño tesoro, un tesoro que se convierte en su debilidad.

Aún así, aún con el frío calando poco a poco en nuestros huesos, seguimos viendo una y otra vez el atardecer, que cada vez llegaba antes, acomodarse entre las sábanas. Seguimos viendo amanecer en nuestras pestañas, abriéndose delicadas ante el mejor de los despertares. Que sí, cada vez es más duro dormir contigo pero no a tu lado, pasar juntos la noche para que al abrir los ojos no te tenga (soñarte a mi lado constantemente, vamos). Pero nos arropamos igualmente. Nos arropamos con todos esos miedos, ilusiones y ganas de comernos el uno al otro. Y ya no había frío que llegara a tus pies ni a mis mejillas, porque seguíamos estando juntos. Me acurruqué en ti sin miedo al frío que me traería cada despedida, al despertador de los lunes en Barcelona y ni al aviso de embarque en el aeropuerto de Palma.

Es horrible cuando nos preguntamos como algo tan bueno puede volverse en nuestra contra, pero supongo que es el riesgo que hay que correr por la suerte (o al menos yo lo considero suerte) de habernos encontrado por pura casualidad (y aún no sé como sería ahora mi vida, como sería yo, si entre la multitud no hubiera visto brillar esa sonrisilla). Y ahora, que cuando estoy sin ti quiero que el tiempo corra, pero que cuando por fin estoy contigo vuela sin darnos cuenta, es cuando sé que no se trata solo de echarte de menos, se trata del miedo a volver a la banalidad del día a día. Juntos es la palabra que más feliz me hace, la palabra que da sentido a esa realidad en que tú y yo convivimos, un nosotros que perdura en el tiempo, aunque no en el espacio.

Como a dos tontos, la distancia nos hizo hablar del final desde un principio. Ese final tan presente como lejano y desconocido. Y digo lejano sobre todo por lo que a mi respecta, por lo difícil que se me hace imaginar un día en que no aparezcas rondando por mi cabecita. Pero, siendo realistas y no tan negativos, la distancia nos hizo hablar también en presente, “del aquí y ahora”. Por eso puedo decir que no pienso dar ni un solo paso que me alejase de ti. Que no pienso en caminar hacia un lado que no sea verte junto a mi, aunque estés lejos.

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